miércoles, 5 de noviembre de 2014

Segunda edición de LA PIEL DE LA TERNERA, por PUBLIC PERVERT en Chiapas, México.
Mi agradecimiento.


Las palabras viajan, y muchas veces de manera inexplicable, y llegan más allá de nuestro alcance, lejos de la extensión de nuestras manos; pero hay otras certezas del desinteresado esfuerzo de otras maquinarias, y de esta manera saludan, participan, y no hay más secretos para aspirar a palabra viva y duradera, y todo ello gracias a los amigos, René Morales Hernández, Yeraldin Ovando, Fabricio Estrada.
Agarren vuelo, boleto, para ir el sábado 8 de noviembre de 2014, a las 6:30 pm., a la Sala de Rectores de la Librería José Emilio Pachecho del Fondo de Cultura Económica, en la Universidad Autónoma de Chiapas, México.
¡Gracias hermanos! Public Pervert


Nota en el "Péndulo de Chiapas":
Presentación de lo nuevo de Editorial Public Pervert
Tomado de "El Péndulo" de Chiapas.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Rafael Vilches Proenza

(Yo estuve ahí, yo vi...)

Mi amigo Rafael Vilches, de mis tantos generosos amigos de la escritura y de la vida que no hemos compartido como yo quisiera. Estén atentos que sigue sumando premios a su poesía, y la vida le debe tanto por tanta hermosura derramada en letras y verdades.



Del libro "Cuarta dimensión de la tarde" (Antología de poetas hondureños y cubanos), sustraigo este poema:

SENTADOS SE HACEN HUMO
Vemos girar la calle
cuatro cantos en el árbol
disparo a pecho descubierto
repentino aplomo por descubrir la nieve
Suspiro bajo el humo
el aire dispara el coco duro
en plena palabra explota el puño
duda
el misterio de la isla gira
el cuerpo flota
choca
el mundo se estrella en humo
agua tu pecho
sangra dos gramos de alucinación
palabra en tus oídos explota
absorbe en ese minuto tus ojos en el cristal
consume la hierba
la puerta está abierta
la puerta está            la puerta        la.


RAFAEL VILCHES, (Vado del Yeso, 1965). Poeta y narrador. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Tiene publicados los libros Dura silueta la luna (poesía, 2002); El único hombre (poesía, 2005); Trazado en el polvo (poesía, 2006); Ángeles desamparados (novela, 2001) y País de fondo (poesía, 2010). Premio Navarro Luna, 2005 y 2010, y De la Ciudad de Holguín, 2005.


jueves, 26 de diciembre de 2013

Poesía: Lisandra Navas

Desde Holguín, Cuba, esta reseña que nos envía nuestro amigo Yusmel, también creador, con quien nos conocimos hace unos días en la biblioteca holguinera donde se desarrollaba la "Peña de Manuel" y lecturas y comentarios dirigidos por Joaquín Osorio.


Lisandra Navas: ¿Virtual?







"Armemos un caos mejor en el mundo
lugar de paz donde reine nuestra locura
algo irrevocable que nos libere
Si es preciso pongamos flores a los cañones
besos a las yerbas
poemas en las calles a los perros vagabundos
Defendamos la canción desesperada(...)".

  El fragmento anterior  pertenece al poema “Virtual”, uno de los textos que integran a ”Herederos de la culpa”, ópera prima de la joven autora Lisandra Navas quien en sus inicios comienza a cosechar lauros como el Premio Primitivo Arcos 2008.

Publicado en la colección Abrirse las constelaciones de Ediciones La Luz, este título, como lo anticipan los versos anteriores, es una propuesta que resultará interesante, tanto para aquellos que se inclinan hacia una poesía que privilegia la efectividad del mensaje - entre los que me encuentro -  como a quienes prefieren tendencias mucho más formalistas, porque su autora ha encontrado una forma expresiva en la que participan la palabra de fuerza, certera, espontánea, y un lirismo sobrio, sin estridentes manipulaciones del lenguaje, pero que exterioriza sus interioridades en imágenes de aguda plasticidad. 

Esas son las razones por las que “Herederos de la culpa”  esté integrado, en su mayoría, por poemas breves y de mediana extensión, pero de gran profundidad emotiva, que logra atraer la complicidad, tienta, con esa mezcla explícita y “virtual”.

Con un estilo aún en evolución se distinguen en ella el trabajo con recursos tradicionales de la poesía que en todas épocas pueden resultar novedosos como la adjetivación y la experimentación con la integridad y disposición de los versos, recursos siempre atractivos y eficaces que gran parte de los autores jóvenes han evadido, por seguir tendencias reinantes, o por adoptar facilismos poéticos alejados de lo mejor producido en la Historia de la Literatura.

Esta variedad en el repertorio propicia dinamismo a la lectura del conjunto, apoyados por los temas que en él se recrean, los que transitan desde vivenciales íntimos, hasta el tema erótico y homoerótico – de constante presencia en nuestra poesía reciente – en los que por momentos aparece un tiritante aliento de esperanza. 

Este tratamiento de temas intimistas e individualizados, si bien es propio de la lírica, está insertado en toda una tendencia en el arte de la provincia que trasciende a la literatura.

El comentario sobre las dinámicas del contexto actual, enfocado desde una proyección estética más volcada hacia el individuo,  en todas las manifestaciones de la plástica, el teatro y la danza caracteriza la creación joven holguinera. Por supuesto, con las sabidas excepciones de artistas más involucrados con lo social y el imaginario colectivo.

Desde esta ópera prima se avizora una poetiza que se identificará por el dominio de un arsenal diverso de técnicas literarias que le posibiliten su incursión en varias modalidades expresivas. Esperamos que en próximas entregas incorpore un  orden temático más  abierto a otras facetas de esa rica y múltiple cotidianidad del cubano. 
 
Pero “Herederos de la culpa” como libro significa mucho más que el debut de Lisandra – suceso trascendental para ella -. El mismo viene a engrosar un patrimonio naciente y tal vez imperceptible aún para algunos,  en las arcas de Ediciones La Luz. Me refiero a una literatura femenina de reciente aparición en la que desde sus primeros textos se aprecian incuestionables valores artísticos.

En esa nueva horneada “Herederos de la culpa” constituye una obra nada virtual, que sin dudas, ayudará a quienes nos acerquemos a su lectura para que “Armemos un caos mejor en el mundo”.



Yusmel Pérez



 

Colaborador:

Yusmel Pérez Figueredo.
Calle 13 No 56ª. Esquina Francisco González. Reparto Sanfield, Holguín. CP: 80400.
E-Mail: yperez@ict.uho.edu.cu
Holguín, Cuba.


jueves, 11 de agosto de 2011

UNA CUARTA DIMENSIÓN QUE NOS ACERCA: Verdecia

A continuación le dejo a ustedes el texto que dedicara el escritor Manuel García Verdecia a la reciente antología poética "Cuarta Dimensión de la Tarde", donde también participo con su poesía junto a otros exponentes holguineros y sampedranos (Cuba, Honduras). Y, es que lo que nos redime como humanos será esto: la palabra.


Tomado de la "Bitácora de Odiseo", de Radio Angulo, http://www.radioangulo.cu/columnistas/bitacora-de-odiseo.html



Manuel García Verdecia en una conferencia en la AHS (Asociación Hermanos Saíz) en la ciudad de Holguín, una tarde del 19 de  junio de 2010.


















UNA CUARTA DIMENSIÓN QUE NOS ACERCA


Siempre he insistido, aunque nunca será lo suficiente, en que se debe cuidar y exaltar toda acción que acerque a los seres humanos y que implique un estímulo a presupuestos éticos y estéticos que los enriquezcan. Cada día al levantarnos recibimos el impacto de mil noticias descorazonadoras que, indudablemente, nos hacen dudar de la racionalidad y sensibilidad de nuestro prójimo. Tal vez en los medios, en las artes, en las letras, con el afán de hacernos ver y reaccionar consecuentemente, se hace un énfasis excesivo en lo negativo del acontecer y el proceder del mundo. Por eso, no hay que ser remisos cuando estemos frente a acciones que se encaminan hacia territorios más amables y benéficos. Tal es el caso de la publicación de Cuarta dimensión de la tarde (Antología de poetas hondureños y cubanos).

Este libro es la flor gentil de la amistad, el goce de crear y el deseo de reunir. La idea surgió una tarde holguinera luego de una lectura de versos, en la continuación de la conversación y el afecto. Un grupo de poetas fervorosos pensó que no podían echarse a esperar por los mecanismos y las vías establecidas para conseguir una relación más enriquecedora y dialogante entre seres que se presuponían pero no se conocían. Es así que los poetas Otoniel  Natarén, de Honduras, y el cubano Rafael Vilches, propusieron reunir autores de las dos naciones en un libro que concretara amistad y esperanza en la forma más sugerente, una selección de poemas. Ellos se encargaron de la selección de los textos, mientras se recababan otros esfuerzos. Luis Yuseff, el poeta que dirige Ediciones La Luz en Holguín, se encargaría de viabilizar la legitimidad del proyecto por la parte cubana. Se logró involucrar también al Centro de Estudios para el Desarrollo Sociocultural. Por allá, los poetas hondureños localizaron apoyos para la parte editorial, tarea ardua en medio de los contrariados aires que azotaron a esa nación tras el brutal derrocamiento del presidente legítimo Manuel Zelaya.

Ha sido un largo lapso de dudas y angustias pero, al fin, ya está el libro en cuerpo palpable y deleitable. Cuenta con un elegante diseño de Taimí Ocampo. Ella empleó un sugerente cuadro del pintor holguinero Yiovani Caisé (artista de amplio reconociendo y cuya sutil calidad realza los valores intrínsecos del libro) para la cubierta, donde naturaleza y arreboles de cielo sugieren el ámbito poético. Consigue una muy precisa presentación que incita a acercarse al objeto-libro. En lo interior logra la diseñadora un formato ágil, que evita tropiezos y guía la fluida lectura. La edición, muy cuidada y experta, la realizó Luis Yuseff y la corrección, Adalberto Santos. La impresión estuvo al cuidado de Otoniel Natarén, la cual se realizó por la Editorial Nagg y Nell de San Pedro Sula, en un trabajo muy profesional. Como se advierte, un equipo en que todos son poetas fue el que se ocupó del proceso de producción del libro, por tanto suman al criterio técnico el más inefable y valioso del conocimiento de la poesía.

El libro reúne textos de doce poetas hondureños y veintiséis cubanos. Aquí creo ver una muestra de la gentileza de los amigos hondureños que prefirieron quedar por debajo en la cifra. Es una pena que no se hubiera equilibrado mejor el número de autores del país centroamericano para brindar mayores matices al conjunto. No obstante, la calidad textual en ningún momento demerita el esfuerzo ni la representatividad. Por el fraterno país aparecen: Marco Tulio del Arca, José Antonio Funes, Jorge Martínez Mejía, Jessica Sánchez, Otoniel Natarén Álvarez, Carlos Rodríguez, Murvin Andino Jiménez, Julio César Antúnez, Gustavo Campos, David Mauricio Pacheco Flores, Naín Serrano y Darío Cálix. Estos, según se nos dice en la presentación, cubren un espacio etario que va de los 63 a los 22 años, promediando, según la prologuista, “los dorados treinta abriles”.

La parte holguinera es nutrida y está consistentemente representada. En ella aparecen obras de poetas ya bien publicados y premiados como Delfín Prats, Luis Caissés y Mayda Pérez Gallego, hasta autores que recién hornean sus primeros versos como Zulema Gutiérrez, Eliécer Almaguer y Yoan Ricardo. Completan la lista Manuel García Verdecia, José Poveda, Maribel Feliú, Rafael Vilches, Gabriel Pérez, José Luis Serrano, Ronel González, Alfonso del Rosario, Pablo Guerra, Luis Yuseff, Hugo González, Adalberto Santos, Yoenia gallardo, Irela Casañas, Yanier Palao, Fabián Suárez, Taimí Ocampo, Moisés Mayan, Lisandra Navas y Elizabeth Reinosa.

La antología cuenta con sendos prólogos que ubican al lector en el entorno y la médula de cada una de las poéticas presentadas. Para uno y otro se escogió a autoridades académicas que están debidamente relacionadas con el mundo creativo que se proyecta. Ambos textos introductorios son concisos pero atinados e ilustrativos. Al tratar del panorama poético expuesto por los autores hondureños, la catedrática Helen Umaña certeramente expone:

«Tres generaciones que no han volado los puentes entre sí, razón por la cual no pierden un cierto aire de familia cuyo rasgo más significativo podría ser la huida del verso dulzón o sentimental (…) Afectos a la sobriedad y a la mesura, privilegian el habla cotidiana, lo cual no es óbice para que se acuda, con gran conocimiento del oficio, al verso críptico en donde el signo deliberadamente se oscurece (…) no desdeñan, inclusive, el vocablo rudo si ese es el que dice justamente lo que se quiere decir.»

Por su parte, la doctora Maricela Messeguer sintetiza la producción poética de los holguineros en eficaz síntesis:
«Los poetas cubanos de la ciudad de Holguín que acuden a la cita (…) se encargan de transmitir toda una gama de emociones que van desde las más sutiles formas que adopta la tristeza, hasta el jubilo despertado por un amor compartido.
«En todos los casos, se observa la inquietud hurgadora en las certezas del tiempo actual, la angustia reflexiva sobre un acontecer no siempre cierto, el ansia de alcanzar nuevas coordenadas del ser.»

En los dos prólogos hay una justa sinopsis de lo específico que ayuda al lector a proveerse de una mínima orientación antes de penetrar los laberintos creativos expuestos.

Lo anterior resulta provechoso pues hay un elemento interesante. La antología que se compone de dos universos poéticos, al estructurarse en aparición cronológica e incluir textos que ilustran las líneas creativas de cada poeta,   puede efectivamente funcionar como dos microantologías. De manera que por una parte se puede tener una visión somera, panorámica pero veraz de la poesía hondureña y, por otra senda, se logran importantes vislumbres de la poesía cubana contemporánea.

Resulta fructífero tratar de hallar los ecos de contacto entre ambas poéticas. Hay temas que se visibilizan en ambos lados. Encontramos el amor, la impronta de la ciudad en la persona, así como la indagación en la complejidad existencial del individuo y su defensa como último reducto de libertad.

De igual modo, en determinados casos se hallan actitudes poéticas que alcanzan curiosamente resonancias confluyentes. Léase los advertencias sobre el amor y sus erosiones en el ser según lo muestran José Antonio Funes y Delfín Prats. También, asomémonos al ámbito de la familia y el espacio vital del sujeto que reflejan Naín Serrano y Luis Caissés o a la densidad reflexiva en torno a los dilemas del hombre en Gustavo Campos y José Poveda o Pablo Guerra. Atiéndase a la ironía plena de irreverente sinceridad sobre lo cotidiano que enarbolan Jorge Martínez y José Luis Serrano o a la angustia existencial en Murvin Andino y Maribel Feliú.  Véase los elementos de la cultura pop y musical que emplean Carlos Rodríguez y Hugo González. Acérquese a la médula de la mujer sola y amante que nos brindan Jessica Sánchez e Irela Casañas. Obsérvese el laconismo epigramático matizado de sutil humor con que asumen el mundo Julio César Antúnez y Mayda Perez Gallego. Esto nos habla de un universo y una actitud cognoscitivo-afectiva correlativos.

Hay además un interés por incorporar disímiles citas literarias y culturales que sirven para dibujar el mundo donde se imbrican y se afanan estos sujetos. Así mismo sirven como sugerencias metafóricas que activan conocimientos ya asentados en el lector. También resulta común una actitud de inconformidad con un mundo nada solidario ni piadoso con el individuo. Esto también despierta una actitud resistente cuando no agresiva contra ese mundo.

Sin embargo verificamos un aspecto donde se separan ambas poéticas. Notamos un afán experimental más apuntado, así como un mayor apego a la palabra oral, en los poetas hondureños que en los holguineros. Tal vez en su medio, la oralidad constituya un elemento no solo de preservación de la memoria sino de identificación en causas comunes. En los holguineros, es notable un gusto neoclásico, con una mayor inclinación por la palabra que habita en la escritura. Esto puede ser un modo también de rechazar cierto abuso del discurso oral desvalorizado por los medios.

En fin, Cuarta dimensión de la tarde es un libro necesario, muestra del desprendimiento amistoso y la creatividad participativa. El él hallaremos unos cuantos poemas hermosos, inquietantes, definitivamente conmovedores. Puede servir como simple lectura de solaz, como vara de instigar pensamientos ineludibles, como índice para nuevas aventuras indagadoras o simplemente como un amoroso signo de solidaridad. Su presencia deviene acicate de celebración y esperanza, en la conciencia de lo que advierte el hondureño José Antonio Funes, “… la poesía es una caricia inédita, el bálsamo que alivia todos los dolores del mundo…”, y con la razón con que distingue el holguinero Delfín Prats a los verdaderos poetas: “Ellos vieron / del otro lado del horizonte / abrirse las constelaciones.”




Manuel García Verdecia
En Holguín, 7 de agosto de 2011 









jueves, 7 de julio de 2011

El Extranjero de Murvin Andino, y la soledad


Ocasión de Presentación del libro "Extranjero" de Murvin Andino en el Club "Blue Bohemia" en San Pedro Sula.
Murvin Andino leyendo una colaboración suya en  "Cuarta Dimensión de la Tarde"; un libro alterno a su producción de "Extranjero".

A veces resulta necesario ir lejos en la geografía y descubrir el mundo en que vivimos; en otros casos, desde el repertorio circunstancial experimentado por un extranjero descubrimos la escasez propia de lo concebido como básico, sobretodo, la soledad que nos rodea y la urgencia de aplastarla, y, en el peor de los casos, la insólita tolerancia.

Para muchos el concepto de un ser denominado extranjero descansa en una fase sensorial establecida por límites estrictamente topográficos, y nos sorprende el sabernos ajenos en nuestro propio suelo o de aquello juzgado como propio. Así, el autor nos da una advertencia, “La idea de pertenecer a un lugar o a una persona es algo utópico, ni siquiera uno mismo puede jactarse de pertenecerse.”

Ésta verdad lo lleva a una migración real casi rayando en la vagabundez de espíritu. La última noche del viaje es la primera conque se comienza una suerte de diálogos internos donde delata la confusión y el vacío que le confiere la lejanía; donde nace la noche es el final hacia adonde el recuerdo y el viaje, como un castigo, parece llevarlo todo para tragárselo con su abismo.

El autor se entera de una verdad ancestral. Un extranjero se escapa en la oscuridad, y es la noche quien lo traslada sobre viajes, barcos, sombras, y resurgen los lugares desolados: “El viento sopla,/ la noche crece como una enfermedad terminal./ Adentro, la extraña víscera/ devora multitud de voces y quejidos.” (Noche en soledad).

Es la noche envuelta en campanas y ruido la que viene a cegarnos con soles que acaso le lanza una ciudad insensible, que bien podría ser cualquier ciudad con sus prácticas y vida cotidiana.

Somos seres condenados y desiertos. Ante esa sospecha, no hay más dudas, cuando en “Ejercer la soledad” nos dicta: “Lo peor serían las despedidas,/ los viajes largos y la muerte, (…) Lo malo sería ejercer la soledad/ como principio del espíritu,/ volar lejos a ciertos lugares,/ despedirse por si acaso…”.

“Despedirse por si acaso”… ¿Acaso no es éste un reflejo de abandono? El continuo despertar físico lo manifiesta en Soratama, el hotel colombiano donde despierta también la esperanza del extranjero ante el evidente hundimiento propuesto por la soledad interna, la infinita, la del eclipse, la del ahogo y el abismo adonde todos asisten en algún momento de la vida.

La afirmación del extraño es más bien la experiencia del extraño, ya sea porque lo es o porque la realidad que lo envuelve es más abrumadora y lo confina a su soledad humana, entonces llena con todas las reminiscencias individuales, emotivas o indiferentes, la explicación de su existencia, si acaso la misma del animal no racional que no puede expresarlo con palabras.

Se diría que es el acercamiento o la resignación del espíritu, pero, cada vez que se tiene la oportunidad el ánimo tiende a ser rebelde y expresa su parecer: de allí todo el entendimiento humano. Tenemos ante nosotros una confesión de las vivencias personales del vacío, pero, también de la firmeza descarada de la esperanza y el sentir de su persona ante tal espectáculo.

En “Museo Botero” existe una descarga de la expresión mundana a través del lenguaje del arte y su entretenimiento; descansa en esta contemplación de aquel desgarramiento desmedido de los otros poemas del libro, y se “corona la esperanza”. Lo ve reflejado en las figuras y restos de imágenes y colores, y únicamente en un resquicio del ojo nos sacude esta alerta: la soledad y el extrañamiento; y reflexiona, “El día es ese país extraño que aglomera raros mundos y algunos huesos”.

“Cada lugar es una puerta diferente, otra vida…”

¿A quién pertenece un individuo cuando se sabe sustraído o en la capacidad deliberada de abandonar o abandonarse a un lugar afecto o desigual?

En “Soratama (Hotel)” (uno de los poemas de mayor referencia física mezclada a la orfandad propia) la soledad se desliza sobre luces y atraviesa la lluvia ante el paso de un misterioso extranjero que vaga por sus pasillos y recodos. Es esa realidad y su crudeza de lejanía donde encuentra una respuesta doble: el precio de la lejanía cuanto más necesaria al oficio del escritor se hace también dolorosa; entonces el abandono es más que deliberado, y, acaso una voz de Hemingway o de John Fante está murmurándole al oído para discutir algunos ingredientes sobre la tarea de referir sucesos y experiencias cuanto mejor si son vividas en carne propia.

Por otra parte, ese abandono parece encontrarnos siempre, nos espera ineludiblemente en cualquier lugar, ante cualquier puerta.

Bienvenidos todos, asistamos a un lugar acostumbrado pero  inadvertido; asistamos a la soledad, a los fragmentos de vida que solo dicta el encontrarse o el extrañarse. Lleguemos como un extranjero, continuemos el viaje adonde el autor invita y promete: “Donde mueren olas/ nacen países, hombres,…”, y añade con insistencia, como la del navegante ante un oleaje oscuro que lo provoca, “estoy otra vez pensando en partir/ y renunciar a los escombros,…” y, propone con entereza en un girar de ruedas y flotar de barcos, una marcha hacia la atmósfera donde se distingue el objeto de la vida y al hombre cuanto es ante ese sitio que podría ser, “Cualquier ciudad, cualquier país,/ camino, aeropuerto, cementerio,” (…) el “lugar desconocido/ y abismal,/ que es el viaje.” 

Otoniel Natarén, 
7 de julio de 2011.

viernes, 17 de junio de 2011

"Cuarta dimensión de la tarde"

17 de junio de 2010, por la tarde, Holguín, Cuba.

Sede de la UNEAC en Holguín.


En la esquina opuesta al Piano Bar está el café Las Tres Lucías; habíamos salido de la librería, a media cuadra de allí, después de una lectura con el grupo literario de la Asociación de los Hermanos Saíz, y nos decidimos por el café para completar la tarde.

Luis Yuseff me contaba de la idea de Ediciones La Luz sobre una colección compartida de poesía hecha por los representantes de dos ciudades, de dos países. Que habían publicado conjuntamente con el País Vasco la primera antología, "Ciudades bajo un mismo cielo". Rafael Vilches, más "tarde" Premio Nacional de poesía de ese año,  sostuvo que sería una buena experiencia tener poesía también de Honduras, particularmente de la ciudad desde la cual yo llegaba.

Escritores holguineros en la UNEAC.

"Mar por medio" es el nombre que encierra estas ideas de publicación; un intercambio de cultura superando la vastedad de las aguas que nos separan. Con esta idea llegué a San Pedro Sula; una tarea nueva para mí con apenas un libro publicado y poca experiencia en integrar estos elementos y que suponía juntar poemas de los residentes en esa ciudad, quienes desearan participar en este intercambio, lo cual fue acogido por la editorial Nagg y Nell y así permitir este enlace.

De esta vital experiencia con los amigos holguineros, continuada al día siguiente en sus programadas lecturas, retomamos la idea el día sábado, después de celebrar las palabras en la peña "Abrirse las constelaciones" en el Pabellón Mestre.

Salimos en charla dispersa de grupo, dentro de él, nombres de gran trayectoria y suma responsabilidad en la tarea de escribir. Recuerdo algunos (que no ha traicionado mi terrible memoria): Maribel Feliú, Rafael Vilches, Yanier H. Palao, Manuel García Verdecia, Irela Casañas, Gabriel y Otto (yo, caminando con ellos). El resto de los reunidos con música y lectura esa otra tarde, había quedado atrás, también dispersos, y, nosotros saboreando el buen elemento de esta edición que ahora está completa, y, que por muchos motivos ha tenido esta impresión tardía, y lleva por nombre para la historia "Cuarta dimensión de la tarde", tomado de los versos del holguinero Luis Caissés.

Ilustra la portada del libro "Cuarta dimensión de la tarde", un cuadro de Yovani Caisé.

Los compendios superan las experiencias amistosas de un grupo; la participación, necesariamente es el llamado de la historia a seguir haciendo la mejor labor con la responsabilidad consabida de cada nuevo escrito. Vamos a sostener esta pequeña teoría de que la cuarta dimensión supone un paso, un desafío hacia otro plano, digamos, otras direcciones de las x, y, z, conocidas, aludiendo a una ruta w para nuestros caminos, entonces queda la sustento individual, si acaso no, colectivo, para traspasar esos espacios.


.... CONTINUARÁ ....

miércoles, 15 de junio de 2011

Otoniel Natarén, La piel de la ternera

Desde la época de Los Novísimos, en San Pedro Sula, cuando conocimos al Padre Fausto, comenzó también una responsabilidad personal con las Letras.

El artículo siguiente fue tomado de la Revista de Literatura y Arte: Criticarte.


Otoniel Natarén, La piel de la ternera

Domingo 15 de mayo de 2011



Otoniel Natarén, (Honduras, 1975) puede iluminar una noche oscura con la ignición de su palabra.

Él tiene, entre los jóvenes poetas hondureños, una dote extraordinaria para versificar con sentido del oficio, como le he visto hacer a Giovanni Rodríguez o a Jorge Martínez en su obra Papiro.

Oto goza desde los primeros poemas que leyó públicamente, de una exquisita sensibilidad para la palabra poética. «Estos versos de lira luminosa / la alzarán inmortal desde la fosa» (Petite amie)

El auténtico poeta transmuta sus emociones, sus pasiones, sus goces y sus dolores en una sustancia diferente. Oto se sitúa en la égida de los que saben transformar lo humano en arte, en belleza subyugante. «Y moribunda y puñal sanguíneo, desde una ubre de luna, / clamara como una nube, despeñándose» (Los destellos de la fe transida).

El goce de los sentidos, algo muy humano y universal, deja la huella en el recuerdo, de la tristeza de la felicidad que pudo haber sido y se fugó ahondando aún más el anhelo de poseerla. «La visión te nombra / la visión te la dio el anhelo en un aullido» (La visita breve).

Otoniel Natarén continúa la tradición poética hondureña al más acendrado estilo de un Adán Castelar maduro de “También el mar”, “Tiempo ganado al mundo” o “Cauces y la última estación”. En mi opinión, esta comparación no es pretenciosa ni forzada. Por una razón sencilla: Oto, como Castelar, no nombra las cosas, las reinventa poéticamente.

Y ésa es la novedad, y acaso la grandeza, que introduce el poeta progreseño, Natarén. «Entre el ruido de la niebla de las riberas, nuestro río propio, / donde nos descalzábamos» (Mito de la matrona). «Sirviéndose el café blanco en la leche negra» (Mentira sobre los galeotes). «En sus piernas nacía el mundo» (Los zapatos de la bailarina).

La piel de la ternera es un manifiesto a la felicidad, a la manera de Dafne y Cloe, sólo que aquí el amor que nos descubre la belleza de la amada es urbano. «Yo la hice más hermosa con mis manos» (El gran mórbido). «Yo le tuve pasión, / yo le tuve estima, en beso, en carne, / en semejanza» (Inquietudes).

El río Ulúa, acaso, esté entre los registros poéticos de nuestro poeta. No el río en sí mismo, sino como ya hemos dicho arriba, transustanciado en la palabra. «De algún lado se desprende todo lo limpio de tu derramamiento […] es tu recorrido quien lleva el agua tan antigua […] por algún lado sabe este río, una verdad de río» (Los márgenes del río).

La piel de la ternera es, sin duda una obra en la que el poeta alcanza cuotas de la verdadera poesía, es decir, de la palabra trabajada con genio, con talento. «Pero hablan las ruinas sobre mí, / desde las piedras; / todas las hijas multiplicadas: sus sombras heridas, / con las luces, heridas, cinturas heridas» (Sara).

La obra La piel de la ternera me trae a la mente el ensayo “Llama doble” de Octavio Paz. Pienso que para entender bien este poemario de Oto, como Papiro de Jorge Martínez, hay que tener como base la obra de Paz. Insisto, piel y ternura encierran el erotismo, la pasión, el goce y la felicidad de los amantes. «Los llamados de la piel, / de aquel encierro, / de aquella mujer; / el mismo deseo» (La piel de la ternera).

En la piel, en el encuentro de los cuerpos, una verdad más profunda y bella, aunque se confunda con los deleites de la carne, se percibe en las palabras de Natarén. «Y aunque arrojados del seno, / alguna verdad se nos presentó amable».

La creación poética de Oto comunica una ternura refinada, es decir, un erotismo límpido. “La piel de la ternera”, es un canto al amor, a la piel, a la ternura. No al amor platónico, sino al amor vivido, sentido al borde del deseo, más allá de toda tristeza posible. «La lengua / la suavizada carne de los besos» (Los destellos de la fe transida). «Yo fui para besar sus ojos silenciosos» (Ahora aquel retrato). «Como si probaran de ti el color salado» «Por algún resquicio, la silenciosa Eva, sonríe: / para ninguno fue creado el descontento» (Donde se sientan las varonas).

La piel de la ternera, evoca el universo limitado de los sentidos, la vida envuelta en la piel y sus goces más inmediatos como si dijéramos –invirtiendo las palabras cartesianas-, ‘percibo, luego existo’. El poeta recorre el territorio de la piel con ternura. «Cuanto percibieron nuestro sentidos, existía» (Respuesta a las varonas).

Buscamos el amor en su estado puro, la felicidad total, plena. Si no acertamos en el camino para conseguirlo entonces padecemos, sufrimos el fracaso.

Tras arañar el elixir de la piel, del placer, sólo queda la soledad, la terrible inquietud que cantara Jorge Manrique: “cómo el placer / después de acordado, da dolor”. El goce, pues, de los amantes, tiene un límite que despierta una necesidad, me aventuro a decir que de una piel y ternura intangible, suprasensorial.

A este tenor, Dante Alighieri, cuyo canto en el Paraíso de la Divina Comedia, celebra la luminosidad de la amada, Beatriz, podría ser el más remoto telón de fondo del arte poética de Natarén, para quien, como estudioso de las letras, de seguro no le será ajena su lectura.

Beatriz deja de ser la amada terrena, para revestirse de una belleza divina, sublime, transmutada y eterna: «Y desde el tacto, la necesidad antigua, la luminosidad de otra existencia: un recuerdo desde otra existencia». (Fin del camino).

En fin, Otoniel Natarén puede llamarse y sentirse de verdad elegido de las musas, pues tiene el don de bello decir. El arte acabado y puro nadie lo posee nunca del todo, pero no cabe duda de que La piel de la ternera es una obra que revela a un artesano de la palabra, consciente del oficio. Honduras y, en ella, América Latina, tiene asegurada la palabra en este brillante poeta catracho.

Nadie que tenga sentido del arte de la versificación y del lenguaje como canal de comunicación podrá decir que Natarén es uno más del montón.